Antes que todo quiero dar gracias a mi señora madre Lourdes de la Vega por tantos años de buena vibra y por ser la mejor de las amigas aún en los momentos difíciles -muchas gracias doña macabra, aquí está el resultado de tu paciencia-, a mi agüela Teresa por nunca reclamarme las distancias, por dejarme ser su timonel y por tantísimos años de porras y por cada mambo-Agüe, vamos a empedarnos-, a Fausto Andrade por tantas noches de buena compañía y por supuesto por haberme heredado tanta mamonería, a la familia Eguilúz -y el colado de Candiani- por ser mi segunda familia, por cada charla de sobre-mesa y por su confianza, a Juan y a Claudia por su infinita paciencia y gran cariño, a Pepe y Adriana por su amistad tan entera como la leche recién ordeñada, por todas las sonrisas que me arrancan y por abrirme nuevamente los ojos al amor -ni modo compadres ese será su karma de por vida-, a Alita por demostrarme su cariño tremendo aún sin conocerme por completo -Alita... guevos, te quiero un chingo-, a Toño Herrera por hacerme saber que nunca estoy solo y por cada nuevo albur -te cabe toda la razón tocayiscos-, a Israel Pedroza "El Men", por cada rolita, por cada cheve y por tu tanta entrega, a Aidé Gutierrez y a Leo por ser esos brazos y esa sonrisa que todo lo curan y por ser mi escuela, a Sergio Ramirez por su amistad y su gran capacidad de divertirme -un beso y un abrazo carnalito-, a Asenet por su amistad y su incomprensible compañía -y me cae que los duendes y las hadas comen caca-, a Ale, Adriana y Melody por las risas y la buena onda, a Bruno Buzzolini por tantisimos años de amistad sincera y por cada viernes de ficha -esta no se me ahoga huevito- a Alfredo Sotomayor por los años de compañía y por cada cigarrito.
A los que se me olvidaron una disculpa enorme, gracias a ti que me acompañas con tu teclado y tu maus, a ti que ya no estás -pos ni modo ¿no? y a todos los demás.
MIL GRACIAS
Antonio Andrade |